Actuación ante un traumatismo maxilofacial

Los traumatismos faciales se producen con frecuencia en el contexto de un paciente politraumatizado, lo que conlleva la necesidad de un adecuado conocimiento del manejo de estos pacientes.

Las heridas de tejidos blandos faciales se presentan en el 80% de los traumatismos de cabeza y cuello. Se pueden limitar a las capas más superficiales pero los traumatismos más serios pueden implicar otras estructuras como los huesos faciales, los nervios sensitivos y motores, las glándulas salivales o las estructuras dento-alveolares.

Las causas más frecuentes en adultos son los accidentes de tráfico, seguido de las agresiones y de las caídas casuales. En edad pediátrica las caídas son el origen más frecuente.

La morbilidad en un paciente con un traumatismo de cabeza y cuello estará relacionada con las lesiones de la vía aérea, por su rica vascularización y por la presencia de los grandes vasos, condicionando el tratamiento y la curación. El resultado terapéutico no sólo debe conseguir una buena recuperación funcional sinó además un buen resultado estético siempre que sea posible.

Se debe realizar una historia clínica detallada y después iniciar una exploración clínica secuencial antes del estudio radiológico. La exploración física se realizará de dentro hacia fuera y de abajo hacia arriba siguiendo el orden: tejidos blandos, nervios, esqueleto óseo y dientes.

El manejo de un paciente traumatizado debe ser organizado y sistemático. El manejo inicial incluye el establecimiento de la via aérea, el control de la hemorragia y la estabilización de las heridas. Una vez el paciente está estabilizado el tratamiento empieza de dentro hacia fuera y de abajo hacia arriba.

No obstante no hay que olvidar que el traumatismo facial aislado, ya sea por accidente de tráfico, agresiones o caídas casuales asociado o no a heridas faciales es el que se presentará con más frecuencia en la práctica habitual y deben aplicarse los mismos criterios.

Dra. Judith Murillo Cortes

  • Estudios de Licenciatura de Medicina y Cirugía en la Universidad Autónoma de Barcelona
  • Especialista en de Cirugía Oral y Maxilofacial (formación M.I.R en el Hospital Virgen del Camino de Pamplona)
  • Jefe de Sección del Servicio de Estomatología y Cirugía Maxilofacial del Hospital General Universitario de Valencia
  • Doctora por la Facultad de Medicina y Cirugía de Valencia
  • Colaboradora docente en prácticas clínicas del Grado de Medicina de Valencia
  • Profesora de prácticas del Master de Medicina y Cirugía Oral de la Facultad de Odontología de Valencia
  • Miembro de la Sociedad Española de Cirugía Oral y Maxilofacial.
  • Autora de artículos en publicaciones nacionales , publicaciones internacionales y autora de capítulos de varios libros

Dra. Judith Murillo Cortes

  • Estudios de Licenciatura de Medicina y Cirugía en la Universidad Autónoma de Barcelona
  • Especialista en de Cirugía Oral y Maxilofacial (formación M.I.R en el Hospital Virgen del Camino de Pamplona)
  • Jefe de Sección del Servicio de Estomatología y Cirugía Maxilofacial del Hospital General Universitario de Valencia
  • Doctora por la Facultad de Medicina y Cirugía de Valencia
  • Colaboradora docente en prácticas clínicas del Grado de Medicina de Valencia
  • Profesora de prácticas del Master de Medicina y Cirugía Oral de la Facultad de Odontología de Valencia
  • Miembro de la Sociedad Española de Cirugía Oral y Maxilofacial.
  • Autora de artículos en publicaciones nacionales , publicaciones internacionales y autora de capítulos de varios libros

Actuación ante un traumatismo maxilofacial

Los traumatismos faciales se producen con frecuencia en el contexto de un paciente politraumatizado, lo que conlleva la necesidad de un adecuado conocimiento del manejo de estos pacientes.

Las heridas de tejidos blandos faciales se presentan en el 80% de los traumatismos de cabeza y cuello. Se pueden limitar a las capas más superficiales pero los traumatismos más serios pueden implicar otras estructuras como los huesos faciales, los nervios sensitivos y motores, las glándulas salivales o las estructuras dento-alveolares.

Las causas más frecuentes en adultos son los accidentes de tráfico, seguido de las agresiones y de las caídas casuales. En edad pediátrica las caídas son el origen más frecuente.

La morbilidad en un paciente con un traumatismo de cabeza y cuello estará relacionada con las lesiones de la vía aérea, por su rica vascularización y por la presencia de los grandes vasos, condicionando el tratamiento y la curación. El resultado terapéutico no sólo debe conseguir una buena recuperación funcional sinó además un buen resultado estético siempre que sea posible.

Se debe realizar una historia clínica detallada y después iniciar una exploración clínica secuencial antes del estudio radiológico. La exploración física se realizará de dentro hacia fuera y de abajo hacia arriba siguiendo el orden: tejidos blandos, nervios, esqueleto óseo y dientes.

El manejo de un paciente traumatizado debe ser organizado y sistemático. El manejo inicial incluye el establecimiento de la via aérea, el control de la hemorragia y la estabilización de las heridas. Una vez el paciente está estabilizado el tratamiento empieza de dentro hacia fuera y de abajo hacia arriba.

No obstante no hay que olvidar que el traumatismo facial aislado, ya sea por accidente de tráfico, agresiones o caídas casuales asociado o no a heridas faciales es el que se presentará con más frecuencia en la práctica habitual y deben aplicarse los mismos criterios.